by Viviana Saavedra
Felices los que creen sin haber visto
Arte Online, Buenos Aires, 2012

 
Una fotografía es por naturaleza ambigua, entre otras razones porque se ve,
pero no siempre se cree en ella. Sin embargo es, también, el tantas veces
citado “esto ha sido” que señalaba Barthes, es decir, testimonio. Un
certificado de haber visto (y probado la existencia) de algo o de alguien.
Pero ¿Qué decir de una fotografía que es tomada como base, como tabula
rasa, que es, en definitiva, una imagen-materia para ser usada solo como
punto de partida?
Miguel Rothschild (1963) agrega y quita materia a las fotografías que elige, las desacraliza. Añade y hurta partes
a vitrales y rosetones góticos, a rejillas de antiguos confesionarios, a cielos sublimes (tormentosos o estrellados)

Resurrecciones
La tanza es un tipo de hilo que pretende ser invisible, incorpóreo. Usada generalmente para la pesca o para
montar obras de arte es altamente resistente. En general, en un extremo lleva un gancho o anzuelo que, en el
caso de la pesca, sirve para atrapar un pez. No hace falta ver: el tironeo del hilo invisible será suficiente para
comprobar la existencia de la presa que, intangible, será víctima del traicionero acto.
Una imagen de Cristo (que una vez fue pez en la simbología cristiana primitiva) se suspende en el espacio de la
galería atravesado por múltiples tanzas de pesca que solo son capaces de revelarse por acción de la luz. Son
sutiles, pero poseen el poder suficiente para anclar con firmeza la imagen a tierra.
Revelaciones
¿Se puede tallar una red? ¿Horadarla? No suena coherente: las redes generalmente se tejen como lo hace el
pescador (tal vez con tanza), o como lo hace la araña. Pero extrañamente, el acto de perforar prolija y
concienzudamente una imagen de rosetón de vitral, con la intención (tal vez) de ver más allá para ser feliz como
los que creen sin haber visto, conforma una red. Una red solitaria cuya configuración mandálica no ha sido
pintada o dibujada, ha sido armada por la desarticulación minuciosa de la solidez del vidrio que transmuta en
despojos de papel de color, en papel picado, en final de fiesta. Y uno va y viene, transitando desde lo sagrado
a lo profano en un interminable ida y vuelta, como atravesando ese laberinto perpetuo. Es allí donde la palabra
red toma otra acepción y se convierte en ardid (o engaño)…
¿Por qué se pinchan las mariposas en las vitrinas?
El punctum en una fotografía es aquel detalle “que me punza”, decía Barthes, y agregaba: “es lo que añado a la
foto y que sin embargo está en ella…” Miguel Rothschild convierte en acto de intervención esta idea y va un
paso más allá. Punza (literalmente) a la fotografía misma intensificando esa noción barthesiana en la que el
punctum es, además, “una especie de sutil más-allá-del-campo, como si la imagen lanzase el deseo más allá de
lo que ella muestra.” Cumpliendo con ese anhelo va más lejos de lo que muestra un fotograma desenfocado de
la película Los pájaros de Alfred Hitchcock. Recorta y pincha con alfileres espíritus santos sustraídos de distintas
pinturas que, flotantes, parecen emerger desde una dimensión desconocida. También Los silencios de Sor
Juana estallan más allá del campo de la imagen de un sublime cielo estrellado, que ha sido punzado casi hasta
el infinito con alfileres y clavos.
The end
En Absolución el espectador es puesto a prueba. Se lo invita a manipular (sí, a usar) una obra de arte para
participar de un juego casi imposible: dentro de una caja vidriada embocar cientos de bolitas de acero en otros
tantos agujeros de diversos tamaños. Son fotografías agujereadas de rejillas de antiguos confesionarios. (Queda
en duda si la misericordia del mercado del arte contemplará las vicisitudes de algún ocasional accidente…)
Casi teatral, Paradise es como un pequeño diorama. La idea de vitrina, de caja sagrada que guarda una reliquia
se hace patente. Una promesa de felicidad es el arte, decía Stendhal (el romántico), una promesa de felicidad
es el paraíso. Un fondo otra vez horadado pero que esta vez no conduce a la idea de red, es un telón de fondo
casi inconsistente pero, sin embargo, sus despojos son (una vez más) pequeños, bellos, circulares, papelitos de
color.