by Daniel Gigena
Parte de la religión
La Nación, Buenos Aires, 2012

 
Una doble desacralización opera en las dos muestras de la galería Ruth Benzacar. Felices
los que creen sin haber visto , de Miguel Rothschild (Buenos Aires, 1963), deconstruye
espacios y divisas del catolicismo: confesionarios, vitrales de iglesias con episodios bíblicos
y fraseología. A su vez, reexamina la historia del arte occidental como si éste fuera un
archivo de imágenes que consagran la religión oficial, algo que, en efecto, tampoco dista mucho de ser,
ya que la historia del cristianismo ha estado en gran medida apoyada en el poder de la visión: ver para
creer.
Absolución reúne un conjunto de fotos perforadas de confesionarios de iglesias italianas, en las que se
perciben las huellas de la respiración atribulada de los creyentes, que aquí funcionan como tableros de
bolitas de acero. Éstas, al caer en los agujeros, traman diseños de una iconografía espiritual con reglas
precisas, como las de cualquier otro juego. Visión apócrifa y Los pájaros -una intervenida con tanzas de
colores que sobresalen de la imagen como rayos de luz, la otra (foto de una escena del film homónimo
de Alfred Hichtcok) con diferentes representaciones del Espíritu Santo a lo largo de la historia del arte,
pinchadas como en un insectario- parodian, además, el culto contemporáneo al 3D con medios
artesanales. La serie Revelaciones agrupa fotos perforadas de vitrales, enmarcadas en cajas de
madera, en cuya base se acumula papel picado, material insignificante elevado a patrón estético en la
obra del artista argentino residente en Berlín desde 1982. A diferencia de León Ferrari, que sobrevuela
como un espíritu burlón las Resurrecciones (donde un Cristo de papel parece estar a punto de ser
catapultado al cielo), Rothschild amortigua el tono de arenga para darle lugar a una reflexión óptica
sobre el poder de las imágenes (y las imágenes del poder).